La
Guerra de Ucrania:
Complejidad,
Desarrollo Sostenible y Educación
Hace ya alrededor de 10 años,
el pueblo Ucraniano se subleva contra el presidente pro-Rusia Viktor
Yanukóvich, en un movimiento masivo que se conoció como Euromaidán.
El pueblo consiguió algo
parecido a una victoria cuando el presidente fue destituido y se convocaron
elecciones, tras las que el pro-Europa Petro Poroshenko, fue elegido en
votación democrática.
Pero la política internacional
es un juego de mesa en el que las reglas se respetan solo cuando nos favorecen.
Tras el retrato de una importante sublevación popular, se escondía el juego que
suele preceder a las guerras; invasión por intereses económicos, una pelea por
controlar los recursos y una imagen pública alterada y confusa debido al
“equipismo” periodístico.
La complejidad implícita del
conflicto nos hace difícil su comprensión, y facilita la manipulación de la
opinión pública, que genera un ambiente bélico en el que se favorece un
paradigma “buenos y malos”, “nosotros contra ellos”, que deshumaniza el
conflicto y nos priva de la autocrítica necesaria que deberíamos llevar a cabo
como europeos y miembros de la OTAN, nos desvía del reflexionar sobre el origen
de los conflictos bélicos, sobre la rentabilidad que estas tienen en términos
capitalistas.
Si estudiamos el discurso en
medios rusos y europeos, nos damos cuenta de que el paradigma creado es
similar, una narrativa para aumentar la brecha entre las ciudadanas y los
ciudadanos de ambos territorios, para justificar que cada bando merece ser el
liberador de Ucrania y la Península de Crimea, mientras que son las personas de
estas zonas las que se ven desabastecidas, perseguidas por ley al defender su
postura contraria a la guerra, las que observan como las opciones políticas
radicalizadas aprovechan la situación para su alzamiento y finalmente, las que
sufren la incapacidad diplomática de los dirigentes.
Olvidados en este dilema,
quedan el medio ambiente y el futuro educativo de niñas y niños ucranianos,
repercusiones que marcarán la trayectoria de un país que, además, debido al
desgaste que está sufriendo, seguramente necesite de la ayuda externa para
recuperar su economía, lo que generará una situación de dependencia que,
anteriormente, ha sido aprovechada para introducir el mercado externo y
engordar esa situación de dependencia en pos del beneficio económico a corto
plazo.
La intoxicación del medio
ambiente con los restos de la guerra, la destrucción de infraestructuras
básicas, el deterioro de la salud mental de adultos y niños, son factores que,
entre otros muchos más, generan un sistema de problemáticas que establecerán
los límites de desarrollo del país, de los cuales hablaremos en el presente
documento.
Complejidad Multidisciplinar de la Guerra.
La complejidad intrínseca a
este tipo de conflictos, hace que los análisis sean variados, a veces confusos
o incluso contradictorios. Las diferentes dimensiones a las que afectan, la
información disponible y las fuentes de esta información, son algunos de los
factores que nos dificultan el conocer cuales son las causas y antecedentes y
las consecuencias directas e indirectas derivadas, causas y consecuencias que suelen romper la linealidad del positivismo, produciendo efectos de retroalimentación que aumentan si cabe, dicha complejidad.
Si imaginamos las
implicaciones para la vida de un ciudadano ucraniano, podemos ver claramente la
alteración que conlleva.
La guerra ha traído dificultad
de abastecimiento de productos primarios, incluso de agua, debido en ocasiones
al corte de suministros por parte de Rusia, esto lleva a una situación delicada
de las personas, que tienen que encontrar la manera de abastecerse de productos
básicos.
Por otro lado, el daño directo
debido a proyectiles o explosivos sobre los humanos hace que se requiera de una
asistencia médica urgente y masiva, lo cual puede hacer saturar los recursos
sanitarios del país, sin contar que algunos hospitales hayan sido destruidos y
directamente no se pueda acceder a ellos. A esto se le pueda sumar la
intoxicación de recursos naturales debido a la destrucción de complejos
industriales y a los proyectiles que contienen material potencialmente dañino para
la salud, como son los proyectiles de Uranio empobrecido utilizados contra
vehículos de guerra, lo que trae una crisis ecológica, con daños a los
ecosistemas naturales y sus especies, y un retroceso en los objetivos de
desarrollo sostenible (¿Cómo
ha sido afectado el medioambiente de Ucrania por la guerra?).
En cuanto a la degradación y
destrucción de la industria nacional, no solo supone una intoxicación directa
de la salud humana y la naturaleza local, además supone una pérdida de empleos
y de recursos para el país, que dependerá ahora de otros países para
abastecerse de estos productos, entorpeciendo su capacidad para optar
por una industria que tienda a la sostenibilidad.
Las escuelas, si no han sido
destruidas, suponen un lugar de peligro para los jóvenes ucranianos (UCRANIA:
SEIS FORMAS EN QUE LA GUERRA HA AFECTADO A LA INFANCIA), por
lo que muchos dejarán de acudir, lo cual conlleva no solo una falta de
educación para las generaciones futuras del país, sino además los problemas
psicológicos que trae esa falta de socialización y la situación de guerra.
Estas trabas a la educación suponen una influencia directa sobre los ciudadanos
futuros de Ucrania, y la gestión que harán de su propio país.
Todas estas condiciones,
afectan psicológica y socialmente a las personas (Consecuencias
psicológicas de una guerra como la de Rusia y Ucrania), que tampoco podrán acceder a una asistencia psicológica adecuada, sus relaciones
personales se verán deterioradas, y en este estado de alarma tenderá más
fácilmente a justificar la guerra en pos de la liberación de su pueblo, más
teniendo en cuenta que la disidencia, en este sentido, tiene repercusiones
legales y sociales en Ucrania. Como dice el artículo mencionado en este
párrafo, “los conflictos armados pueden hacer saltar por los aires los
proyectos de toda una generación”, cortando procesos de desarrollo, a nivel
social y político, que estuviesen teniendo lugar.
Muchas serán las personas que,
ante esta situación, quieran salir de su país y buscar suerte en algún otro
país europeo, lo que nos lleva a otra dimensión del conflicto.
La salida de personas de un
país, significa la pérdida de población activa del mismo, de jóvenes que en el
futuro podrían ser el motor del desarrollo de Ucrania, además de suponer una
gestión internacional de reubicación y solidaridad, lo cual, además, levanta un
debate social entre los colectivos contrarios a la acogida de inmigrantes y las
partes a favor, que además podrían abrir un debate sobre por qué se acoge tan
fácilmente a vecinos europeos mientras se abandona e incluso se ataca (véase el
caso de “La Tragedia de Melilla” ) y se criminaliza a
inmigrantes provenientes de África, con la subsiguiente agitación social y la
polarización de la opinión pública.
La destrucción de
infraestructuras, la escasez de recursos, la pérdida de capital humano, y la
“necesidad” de inversión militar de Ucrania, va colocando a este país en una
situación económica cada vez más frágil y dependiente. Es fácil imaginar que
una situación así pueda llevar a Ucrania, en un futuro más o menos cercano, a
una situación de dependencia económica dramática, en la que se vea obligada a
aceptar la financiación de otros países y/o entidades financieras para recuperar su economía, teniendo
que aceptar las condiciones que estos le impongan. Con suerte, esta situación
se pueda resolver con un plan de reconstrucción basado en una economía verde y
una infraestructura moderna basada en las energías renovables y la eficiencia,
pero muchas veces a lo largo de la historia, en estos casos, los países
salvados se han visto en una situación de vulnerabilidad que les ha hecho
aceptar condiciones que dificultaban el desarrollo de su economía interna, que
ponían límites al cumplimiento de los objetivos medioambientales y que,
finalmente dificultaban el desarrollo de políticas sociales y acababan
deteriorando la calidad de vida en el país por aumentar los ingresos con origen
en la exportación y los beneficios de inversores externos, en un contexto de
crisis de deuda soberana (los casos de Grecia o Haití son dos entre muchos que han supuesto una estrategia de neocolonialismo financiero). Esto puede generar una situación de espiral de la
deuda, muy peligrosa para el desarrollo de un país. ("Extensión
de la Lucha" : Damien Millet)
Pero esto son posibilidades
que, en los dos sentidos de la palabra, aún quedan a la especulación.
No podemos olvidar una
dimensión aún más amplia del conflicto. Si hablamos de geopolítica y política
internacional, en este caso, es importante analizar que, el conflicto, unido al
tratamiento del mismo en los medios y las decisiones políticas tomadas, está aumentando la brecha entre dos bloques que, desde la Guerra Fría, parece que se
diluían en un aparentemente tranquilo mar de globalización, pero que, sin
embargo, ahora quieren que sus banderas ondeen altas entre sus fronteras. Por
un lado la OTAN, con los países europeos y EEUU, organización a la que hace
poco se ha unido Finlandia, un país tradicionalmente neutro en la dimensión
militar, y en el otro lado Rusia, con sus países aliados. Esta imagen de
bloques, que por desgracia lleva a una clara fragmentación de la opinión
pública y hacia la creación de una narración belicista en los medios, aumenta
además con las recientes (aunque antiguas) tensiones de EEUU con China, países
que desde hace décadas luchan bajo la mesa por controlar el mercado
internacional. Rusia, apoyándose en China, apuesta por aumentar el uso del Yuan
Chino como divisa para su mercado internacional, apostando por el “lado del
mapamundi” sobre el que se quiere apoyar.
Toda esta escena
internacional, lleva a decisiones y medidas políticas a nivel nacional y global
que, inevitablemente, influyen en la vida de las ciudadanas y los ciudadanos de
todo el planeta, y “justifican” medidas que se alejan de los objetivos del
desarrollo sostenible y la sostenibilidad.
Como vemos, el conflicto trae
un paradigma complejo, multidimensional y enrevesado, en el que es difícil
encontrar un principio y un fin o incluso acabar de analizar elementos del
mundo humano y natural que no se vean afectados, y más que tratar de llegar a
un análisis exhaustivo y minucioso, creo que es importante tener una visión
amplia de la vastedad de un conflicto como este, para que nuestro análisis no
tienda a ser “partidista” o “reduccionista” y que centremos nuestra acción o
nuestro discurso hacia tratar de evitarlo, hacia crear opiniones pacifistas y
de conciliación, pues este tipo de conflictos llevan a una destrucción de los
sistemas sociales, un deterioro de la calidad de vida, un retroceso en la
consecución de los derechos humanos y el desarrollo sostenible y una
justificación para olvidar los objetivos de sostenibilidad y un daño dramático
sobre el medioambiente y la naturaleza, muchas veces con el único beneficio
posible de un control de recursos por parte de grandes inversores o empresas.
Cuando el conflicto ya es
inevitable porque directamente está ocurriendo, una de las cosas que nos queda
por hacer es centrarnos en cómo podemos abordar el tema desde una perspectiva
educacional.
Implicaciones Educativas
Como se ha comentado, las
consecuencias de un conflicto armado sobre la educación, son devastadoras. Por
un lado, como se mencionó, debido a la destrucción directa de la
infraestructura educativa. Las repercusiones económicas traen además una
dificultad para acceder a recursos educativos. De una manera más sutil, el daño
psicológico y emocional causado en los y las estudiantes, dificultará su
capacidad para llevar a cabo un proceso de aprendizaje normal, incluso para
aquellos que abandonaron su país y se refugian en otros países de la Unión
Europea.
La existencia de un conflicto
armado tan cercano a España, sin olvidar que es algo dramático, ofrece una
oportunidad a los educadores para traer a las aulas un espacio de reflexión
sobre el origen, los motivos, las consecuencias y la lógica de este tipo de
fenómenos.
Unos 112.000 ucranianos se
refugian hoy en España (Cómo
afrontar la Guerra de Ucrania en las aulas), lo que quiere decir
que es inevitable encontrarse de frente con personas que han sufrido y siguen
sufriendo, de manera directa, esta guerra.
Es una posibilidad para
inculcar, de manera transversal en el plan educativo, el pensamiento complejo (Teoría
del Pensamiento Complejo de Edgar Morin) y tratar de guiar al
alumnado hacia el desarrollo de capacidades de análisis crítico, de visión
holística de los fenómenos, de pensamiento integrador, solidaridad y
perspectiva a largo plazo, tanto en la dimensión social como ecológica, todo
ello motivando el compromiso tanto intelectual como emocional del alumno.
Poco a poco vamos abandonando
el modelo filosófico mecanicista que formó el pensamiento humano post
industrial hacia una visión de la naturaleza como máquina predecible y
controlable, pasando a aceptar un nuevo pensamiento que comprenda la realidad
impredecible y volátil del Universo.
A pesar de tener una
complejidad casi infinita, la vastedad de las repercusiones que este tipo de
conflictos traen, tanto a la sociedad que las sufre directamente, como a la
humanidad en su conjunto (pues no olvidemos que “todo conflicto humano es un
problema de la humanidad en su conjunto”) es en realidad fácil de comprender.
No es difícil, después de un escueto documento como el actual, fabricar en la
mente una compleja red de interconexiones entre factores que influyen sobre el
conflicto de Ucrania. Aunque la mayoría de nodos de esa red mental se
encuentren vacíos, lo importante es darse cuenta de que las líneas que unen
esos nodos, y los mismos nodos, siguen multiplicándose sin fin a medida que
profundizamos en el análisis, formando una visión sistémica (Teoría
General de Sistemas en el ámbito de la Educación).
Creo que es esta la idea que
es importante dar a entender al alumnado; cuando pretendemos analizar un
fenómeno de estas características, no podemos hablar en términos definitivos,
no podemos caer en una mentalidad positivista desfasada en la que unimos de
manera simple y agradable la causa con la consecuencia. El alumnado puede
entender desde esta perspectiva que, en un análisis crítico de la realidad, se
juega con las reglas de la incertidumbre y el riesgo, con la humildad en el
pensamiento, y que, lejos de tener que dejarnos llevar hacia un relativismo
absoluto o una frustración por no llegar a la “verdad”, este tipo de
pensamiento nos puede llevar a una comprensión más completa de la realidad,
abierta al cambio y a la influencia de otras perspectivas, además de que nos
permite ser ciudadanos críticos que no caigan en discursos reduccionistas,
partidistas o pseudocientíficos; una visión que nos permite ver con ojo crítico
la información que nos llega desde cualquier fuente, para no “elegir nuestro
equipo de opinión favorito”, sino tratar todo información como útil para
aumentar nuestra comprensión sobre los fenómenos que nos rodean. En este
sentido, es de gran interés analizar cómo los medios comunican la información,
dependiendo de su línea editorial, para que podamos hacer entender a los
alumnos, que no debemos caer en la vaga idea de que los medios de comunicación
son estampas fieles a la realidad, sino expresiones de la opinión de ciertos
actores de la sociedad con intereses y preferencias subjetivas, por ejemplo
comprendiendo como, en las diferentes zonas que participan directamente en este
conflicto, la información se expresa de manera que genera marcos mentales
similares, pero en cada área para justificar los intereses propios. Tratar de
encontrar medios de comunicación lo más “libres” posible y no dejarnos cautivar
por el “amarillismo” es de vital importancia para ser ciudadanos críticos.
Dar a conocer las
repercusiones que un conflicto como este, tiene sobre las vidas de las personas
que lo sufren, puede ayudarnos a desarrollar la empatía en el alumnado, además
de hacer entender como estos conflictos son una traba al desarrollo sostenible
y una barrera o incluso un retroceso en el respeto de los derechos humanos y la
justicia social y económica.
Analizar este suceso de manera
rigurosa sin olvidar la inclusión emocional, es importante para generar un
sentimiento de pertenencia en una ciudadanía mundial, que es participe y
sufridora de los conflictos que suceden a la humanidad.
Se puede referenciar, en este
sentido, al texto “La Carta de La Tierra”, referente en cuanto a valores,
aceptados internacionalmente, para el respeto de los derechos humanos en todas
sus dimensiones, y hacer hincapié en los beneficios para el desarrollo de las
comunidades que trae un ambiente de no violencia, así como tratar de poner en
cuestión el sistema socioeconómico actual, analizando casos en los que ha
supuesto una barrera y una zancadilla al bienestar humano (La
Pesadilla de Darwin), y tratando de mostrar los beneficios que
puede traer una nueva economía verde y circular, basada en la eficiencia, en el
uso sostenible de los recursos naturales,
en la repartición equitativa de los beneficios y la disminución de las
brechas sociales.
Todo esto debería darse unido,
desde mi punto de vista, a una conexión directa con los valores naturales que
rodeen al ámbito educativo, para que el alumnado conecte con la naturaleza que
tiene a su alrededor y conozca cual es su capacidad de transformación sobre
ella.
Aunque la lucha social sea
vital e imprescindible, la educación sienta las bases del desarrollo futuro.
Mientras los adultos jugamos a imponer nuestros pensamientos ya consolidados,
raramente poniéndolos en tela de juicio, imponiendo nuestro orgullo sobre
nuestro intelecto y el de los demás, las nuevas generaciones, herederas de un
mundo que se derrite bajo sus pies, tienen la oportunidad de producir este
cambio vital para la supervivencia del ser humano, así como de construir un
sistema que traiga bienestar y armonía con el resto de seres vivos de la
Naturaleza, los elementos inertes de los que dependen y la riqueza de procesos
que los mantienen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario