jueves, 18 de mayo de 2023

Guerra de Ucrania y Teoría General de Sistemas

 

La Guerra de Ucrania:

Complejidad, Desarrollo Sostenible y Educación

 

Hace ya alrededor de 10 años, el pueblo Ucraniano se subleva contra el presidente pro-Rusia Viktor Yanukóvich, en un movimiento masivo que se conoció como Euromaidán.

El pueblo consiguió algo parecido a una victoria cuando el presidente fue destituido y se convocaron elecciones, tras las que el pro-Europa Petro Poroshenko, fue elegido en votación democrática.

Pero la política internacional es un juego de mesa en el que las reglas se respetan solo cuando nos favorecen. Tras el retrato de una importante sublevación popular, se escondía el juego que suele preceder a las guerras; invasión por intereses económicos, una pelea por controlar los recursos y una imagen pública alterada y confusa debido al “equipismo” periodístico.

La complejidad implícita del conflicto nos hace difícil su comprensión, y facilita la manipulación de la opinión pública, que genera un ambiente bélico en el que se favorece un paradigma “buenos y malos”, “nosotros contra ellos”, que deshumaniza el conflicto y nos priva de la autocrítica necesaria que deberíamos llevar a cabo como europeos y miembros de la OTAN, nos desvía del reflexionar sobre el origen de los conflictos bélicos, sobre la rentabilidad que estas tienen en términos capitalistas.

Si estudiamos el discurso en medios rusos y europeos, nos damos cuenta de que el paradigma creado es similar, una narrativa para aumentar la brecha entre las ciudadanas y los ciudadanos de ambos territorios, para justificar que cada bando merece ser el liberador de Ucrania y la Península de Crimea, mientras que son las personas de estas zonas las que se ven desabastecidas, perseguidas por ley al defender su postura contraria a la guerra, las que observan como las opciones políticas radicalizadas aprovechan la situación para su alzamiento y finalmente, las que sufren la incapacidad diplomática de los dirigentes.

Olvidados en este dilema, quedan el medio ambiente y el futuro educativo de niñas y niños ucranianos, repercusiones que marcarán la trayectoria de un país que, además, debido al desgaste que está sufriendo, seguramente necesite de la ayuda externa para recuperar su economía, lo que generará una situación de dependencia que, anteriormente, ha sido aprovechada para introducir el mercado externo y engordar esa situación de dependencia en pos del beneficio económico a corto plazo.

La intoxicación del medio ambiente con los restos de la guerra, la destrucción de infraestructuras básicas, el deterioro de la salud mental de adultos y niños, son factores que, entre otros muchos más, generan un sistema de problemáticas que establecerán los límites de desarrollo del país, de los cuales hablaremos en el presente documento.


Complejidad Multidisciplinar de la Guerra.

La complejidad intrínseca a este tipo de conflictos, hace que los análisis sean variados, a veces confusos o incluso contradictorios. Las diferentes dimensiones a las que afectan, la información disponible y las fuentes de esta información, son algunos de los factores que nos dificultan el conocer cuales son las causas y antecedentes y las consecuencias directas e indirectas derivadas, causas y consecuencias que suelen romper la linealidad del positivismo, produciendo efectos de retroalimentación que aumentan si cabe, dicha complejidad.

Si imaginamos las implicaciones para la vida de un ciudadano ucraniano, podemos ver claramente la alteración que conlleva.

La guerra ha traído dificultad de abastecimiento de productos primarios, incluso de agua, debido en ocasiones al corte de suministros por parte de Rusia, esto lleva a una situación delicada de las personas, que tienen que encontrar la manera de abastecerse de productos básicos.

Por otro lado, el daño directo debido a proyectiles o explosivos sobre los humanos hace que se requiera de una asistencia médica urgente y masiva, lo cual puede hacer saturar los recursos sanitarios del país, sin contar que algunos hospitales hayan sido destruidos y directamente no se pueda acceder a ellos. A esto se le pueda sumar la intoxicación de recursos naturales debido a la destrucción de complejos industriales y a los proyectiles que contienen material potencialmente dañino para la salud, como son los proyectiles de Uranio empobrecido utilizados contra vehículos de guerra, lo que trae una crisis ecológica, con daños a los ecosistemas naturales y sus especies, y un retroceso en los objetivos de desarrollo sostenible (¿Cómo ha sido afectado el medioambiente de Ucrania por la guerra?).

En cuanto a la degradación y destrucción de la industria nacional, no solo supone una intoxicación directa de la salud humana y la naturaleza local, además supone una pérdida de empleos y de recursos para el país, que dependerá ahora de otros países para abastecerse de estos productos, entorpeciendo su capacidad para optar por una industria que tienda a la sostenibilidad.

Las escuelas, si no han sido destruidas, suponen un lugar de peligro para los jóvenes ucranianos (UCRANIA: SEIS FORMAS EN QUE LA GUERRA HA AFECTADO A LA INFANCIA), por lo que muchos dejarán de acudir, lo cual conlleva no solo una falta de educación para las generaciones futuras del país, sino además los problemas psicológicos que trae esa falta de socialización y la situación de guerra. Estas trabas a la educación suponen una influencia directa sobre los ciudadanos futuros de Ucrania, y la gestión que harán de su propio país.

Todas estas condiciones, afectan psicológica y socialmente a las personas (Consecuencias psicológicas de una guerra como la de Rusia y Ucrania), que tampoco podrán acceder a una asistencia psicológica adecuada, sus relaciones personales se verán deterioradas, y en este estado de alarma tenderá más fácilmente a justificar la guerra en pos de la liberación de su pueblo, más teniendo en cuenta que la disidencia, en este sentido, tiene repercusiones legales y sociales en Ucrania. Como dice el artículo mencionado en este párrafo, “los conflictos armados pueden hacer saltar por los aires los proyectos de toda una generación”, cortando procesos de desarrollo, a nivel social y político, que estuviesen teniendo lugar.

Muchas serán las personas que, ante esta situación, quieran salir de su país y buscar suerte en algún otro país europeo, lo que nos lleva a otra dimensión del conflicto.

La salida de personas de un país, significa la pérdida de población activa del mismo, de jóvenes que en el futuro podrían ser el motor del desarrollo de Ucrania, además de suponer una gestión internacional de reubicación y solidaridad, lo cual, además, levanta un debate social entre los colectivos contrarios a la acogida de inmigrantes y las partes a favor, que además podrían abrir un debate sobre por qué se acoge tan fácilmente a vecinos europeos mientras se abandona e incluso se ataca (véase el caso de “La Tragedia de Melilla” ) y se criminaliza a inmigrantes provenientes de África, con la subsiguiente agitación social y la polarización de la opinión pública.

La destrucción de infraestructuras, la escasez de recursos, la pérdida de capital humano, y la “necesidad” de inversión militar de Ucrania, va colocando a este país en una situación económica cada vez más frágil y dependiente. Es fácil imaginar que una situación así pueda llevar a Ucrania, en un futuro más o menos cercano, a una situación de dependencia económica dramática, en la que se vea obligada a aceptar la financiación de otros países y/o entidades financieras para recuperar su economía, teniendo que aceptar las condiciones que estos le impongan. Con suerte, esta situación se pueda resolver con un plan de reconstrucción basado en una economía verde y una infraestructura moderna basada en las energías renovables y la eficiencia, pero muchas veces a lo largo de la historia, en estos casos, los países salvados se han visto en una situación de vulnerabilidad que les ha hecho aceptar condiciones que dificultaban el desarrollo de su economía interna, que ponían límites al cumplimiento de los objetivos medioambientales y que, finalmente dificultaban el desarrollo de políticas sociales y acababan deteriorando la calidad de vida en el país por aumentar los ingresos con origen en la exportación y los beneficios de inversores externos, en un contexto de crisis de deuda soberana (los casos de Grecia o Haití son dos entre muchos que han supuesto una estrategia de neocolonialismo financiero). Esto puede generar una situación de espiral de la deuda, muy peligrosa para el desarrollo de un país. ("Extensión de la Lucha" : Damien Millet)

Pero esto son posibilidades que, en los dos sentidos de la palabra, aún quedan a la especulación.

No podemos olvidar una dimensión aún más amplia del conflicto. Si hablamos de geopolítica y política internacional, en este caso, es importante analizar que, el conflicto, unido al tratamiento del mismo en los medios y las decisiones políticas tomadas, está aumentando la brecha entre dos bloques que, desde la Guerra Fría, parece que se diluían en un aparentemente tranquilo mar de globalización, pero que, sin embargo, ahora quieren que sus banderas ondeen altas entre sus fronteras. Por un lado la OTAN, con los países europeos y EEUU, organización a la que hace poco se ha unido Finlandia, un país tradicionalmente neutro en la dimensión militar, y en el otro lado Rusia, con sus países aliados. Esta imagen de bloques, que por desgracia lleva a una clara fragmentación de la opinión pública y hacia la creación de una narración belicista en los medios, aumenta además con las recientes (aunque antiguas) tensiones de EEUU con China, países que desde hace décadas luchan bajo la mesa por controlar el mercado internacional. Rusia, apoyándose en China, apuesta por aumentar el uso del Yuan Chino como divisa para su mercado internacional, apostando por el “lado del mapamundi” sobre el que se quiere apoyar.

Toda esta escena internacional, lleva a decisiones y medidas políticas a nivel nacional y global que, inevitablemente, influyen en la vida de las ciudadanas y los ciudadanos de todo el planeta, y “justifican” medidas que se alejan de los objetivos del desarrollo sostenible y la sostenibilidad.

Como vemos, el conflicto trae un paradigma complejo, multidimensional y enrevesado, en el que es difícil encontrar un principio y un fin o incluso acabar de analizar elementos del mundo humano y natural que no se vean afectados, y más que tratar de llegar a un análisis exhaustivo y minucioso, creo que es importante tener una visión amplia de la vastedad de un conflicto como este, para que nuestro análisis no tienda a ser “partidista” o “reduccionista” y que centremos nuestra acción o nuestro discurso hacia tratar de evitarlo, hacia crear opiniones pacifistas y de conciliación, pues este tipo de conflictos llevan a una destrucción de los sistemas sociales, un deterioro de la calidad de vida, un retroceso en la consecución de los derechos humanos y el desarrollo sostenible y una justificación para olvidar los objetivos de sostenibilidad y un daño dramático sobre el medioambiente y la naturaleza, muchas veces con el único beneficio posible de un control de recursos por parte de grandes inversores o empresas.

Cuando el conflicto ya es inevitable porque directamente está ocurriendo, una de las cosas que nos queda por hacer es centrarnos en cómo podemos abordar el tema desde una perspectiva educacional.

 

Implicaciones Educativas

Como se ha comentado, las consecuencias de un conflicto armado sobre la educación, son devastadoras. Por un lado, como se mencionó, debido a la destrucción directa de la infraestructura educativa. Las repercusiones económicas traen además una dificultad para acceder a recursos educativos. De una manera más sutil, el daño psicológico y emocional causado en los y las estudiantes, dificultará su capacidad para llevar a cabo un proceso de aprendizaje normal, incluso para aquellos que abandonaron su país y se refugian en otros países de la Unión Europea.

La existencia de un conflicto armado tan cercano a España, sin olvidar que es algo dramático, ofrece una oportunidad a los educadores para traer a las aulas un espacio de reflexión sobre el origen, los motivos, las consecuencias y la lógica de este tipo de fenómenos.

Unos 112.000 ucranianos se refugian hoy en España (Cómo afrontar la Guerra de Ucrania en las aulas), lo que quiere decir que es inevitable encontrarse de frente con personas que han sufrido y siguen sufriendo, de manera directa, esta guerra.

Es una posibilidad para inculcar, de manera transversal en el plan educativo, el pensamiento complejo (Teoría del Pensamiento Complejo de Edgar Morin) y tratar de guiar al alumnado hacia el desarrollo de capacidades de análisis crítico, de visión holística de los fenómenos, de pensamiento integrador, solidaridad y perspectiva a largo plazo, tanto en la dimensión social como ecológica, todo ello motivando el compromiso tanto intelectual como emocional del alumno.

Poco a poco vamos abandonando el modelo filosófico mecanicista que formó el pensamiento humano post industrial hacia una visión de la naturaleza como máquina predecible y controlable, pasando a aceptar un nuevo pensamiento que comprenda la realidad impredecible y volátil del Universo.

A pesar de tener una complejidad casi infinita, la vastedad de las repercusiones que este tipo de conflictos traen, tanto a la sociedad que las sufre directamente, como a la humanidad en su conjunto (pues no olvidemos que “todo conflicto humano es un problema de la humanidad en su conjunto”) es en realidad fácil de comprender. No es difícil, después de un escueto documento como el actual, fabricar en la mente una compleja red de interconexiones entre factores que influyen sobre el conflicto de Ucrania. Aunque la mayoría de nodos de esa red mental se encuentren vacíos, lo importante es darse cuenta de que las líneas que unen esos nodos, y los mismos nodos, siguen multiplicándose sin fin a medida que profundizamos en el análisis, formando una visión sistémica (Teoría General de Sistemas en el ámbito de la Educación).

Creo que es esta la idea que es importante dar a entender al alumnado; cuando pretendemos analizar un fenómeno de estas características, no podemos hablar en términos definitivos, no podemos caer en una mentalidad positivista desfasada en la que unimos de manera simple y agradable la causa con la consecuencia. El alumnado puede entender desde esta perspectiva que, en un análisis crítico de la realidad, se juega con las reglas de la incertidumbre y el riesgo, con la humildad en el pensamiento, y que, lejos de tener que dejarnos llevar hacia un relativismo absoluto o una frustración por no llegar a la “verdad”, este tipo de pensamiento nos puede llevar a una comprensión más completa de la realidad, abierta al cambio y a la influencia de otras perspectivas, además de que nos permite ser ciudadanos críticos que no caigan en discursos reduccionistas, partidistas o pseudocientíficos; una visión que nos permite ver con ojo crítico la información que nos llega desde cualquier fuente, para no “elegir nuestro equipo de opinión favorito”, sino tratar todo información como útil para aumentar nuestra comprensión sobre los fenómenos que nos rodean. En este sentido, es de gran interés analizar cómo los medios comunican la información, dependiendo de su línea editorial, para que podamos hacer entender a los alumnos, que no debemos caer en la vaga idea de que los medios de comunicación son estampas fieles a la realidad, sino expresiones de la opinión de ciertos actores de la sociedad con intereses y preferencias subjetivas, por ejemplo comprendiendo como, en las diferentes zonas que participan directamente en este conflicto, la información se expresa de manera que genera marcos mentales similares, pero en cada área para justificar los intereses propios. Tratar de encontrar medios de comunicación lo más “libres” posible y no dejarnos cautivar por el “amarillismo” es de vital importancia para ser ciudadanos críticos.

Dar a conocer las repercusiones que un conflicto como este, tiene sobre las vidas de las personas que lo sufren, puede ayudarnos a desarrollar la empatía en el alumnado, además de hacer entender como estos conflictos son una traba al desarrollo sostenible y una barrera o incluso un retroceso en el respeto de los derechos humanos y la justicia social y económica.

Analizar este suceso de manera rigurosa sin olvidar la inclusión emocional, es importante para generar un sentimiento de pertenencia en una ciudadanía mundial, que es participe y sufridora de los conflictos que suceden a la humanidad.

Se puede referenciar, en este sentido, al texto “La Carta de La Tierra”, referente en cuanto a valores, aceptados internacionalmente, para el respeto de los derechos humanos en todas sus dimensiones, y hacer hincapié en los beneficios para el desarrollo de las comunidades que trae un ambiente de no violencia, así como tratar de poner en cuestión el sistema socioeconómico actual, analizando casos en los que ha supuesto una barrera y una zancadilla al bienestar humano (La Pesadilla de Darwin), y tratando de mostrar los beneficios que puede traer una nueva economía verde y circular, basada en la eficiencia, en el uso sostenible de los recursos naturales,  en la repartición equitativa de los beneficios y la disminución de las brechas sociales.

Todo esto debería darse unido, desde mi punto de vista, a una conexión directa con los valores naturales que rodeen al ámbito educativo, para que el alumnado conecte con la naturaleza que tiene a su alrededor y conozca cual es su capacidad de transformación sobre ella.

Aunque la lucha social sea vital e imprescindible, la educación sienta las bases del desarrollo futuro. Mientras los adultos jugamos a imponer nuestros pensamientos ya consolidados, raramente poniéndolos en tela de juicio, imponiendo nuestro orgullo sobre nuestro intelecto y el de los demás, las nuevas generaciones, herederas de un mundo que se derrite bajo sus pies, tienen la oportunidad de producir este cambio vital para la supervivencia del ser humano, así como de construir un sistema que traiga bienestar y armonía con el resto de seres vivos de la Naturaleza, los elementos inertes de los que dependen y la riqueza de procesos que los mantienen.

 

 

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